"¿Señor, a quién iremos?. Tú tienes palabras de vida eterna." Jn 6, 68



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Decimoséptimo Domingo del tiempo ordinario

Segundo Libro de los Reyes 4,42-44.
Llegó un hombre que venía de Baal-Salisa; en su saco traía al hombre de Dios veinte panes de cebada y de trigo que habían hecho con harina recién cosechada. Eliseo le dijo: «Dáselos a esos hombres para que coman».
Pero el sirviente le dijo: «No me alcanza para repartírselo a cien personas». Replicó: «Dáselos y que coman, porque esto dice Yavé: Comerán y sobrará». 
Les sirvieron, comieron y les sobró, tal como lo había dicho Yavé.

Salmo 145(144),10-11.15-16.17-18.
Te den gracias, Señor, todas tus obras,
te bendigan tus amigos;
que hablen de la gloria de tu reino
y anuncien tus hazañas,

Los ojos de todos de ti esperan que les des a su tiempo su alimento.
Tú sólo abres tu mano, y satisfaces de lo que quiera a todo ser viviente.
Justo es el Señor en todos sus caminos y bondadoso en todas sus obras.
Cerca está el Señor de los que le invocan, de todos los que lo invocan de verdad.



Carta de San Pablo a los Efesios 4,1-6.
Yo, «el prisionero de Cristo», les exhorto, pues, a que se muestren dignos de la vocación que han recibido.
Sean humildes y amables, sean comprensivos y sopórtense unos a otros con amor.
Mantengan entre ustedes lazos de paz y permanezcan unidos en el mismo espíritu:
un solo cuerpo y un mismo espíritu, pues ustedes han sido llamados a una misma vocación y una misma esperanza.
Un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo,
un solo Dios y Padre de todos, que está por encima de todo, lo penetra todo y está en todo.

Evangelio según San Juan 6,1-15.
Después Jesús pasó a la otra orilla del lago de Galilea, cerca de Tiberíades.
Le seguía un enorme gentío a causa de las señales milagrosas que le veían hacer en los enfermos.
Jesús subió al monte y se sentó allí con sus discípulos.
Se acercaba la Pascua, la fiesta de los judíos.
Jesús, pues, levantó los ojos y, al ver el numeroso gentío que acudía a él, dijo a Felipe: «¿Dónde iremos a comprar pan para que coma esa gente?»
Se lo preguntaba para ponerlo a prueba, pues él sabía bien lo que iba a hacer.
Felipe le respondió: «Doscientas monedas de plata no alcanzarían para dar a cada uno un pedazo.»
Otro discípulo, Andrés, hermano de Simón Pedro, dijo:
«Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y dos pescados. Pero, ¿qué es esto para tanta gente?»
Jesús les dijo: «Hagan que se siente la gente.» Había mucho pasto en aquel lugar, y se sentaron los hombres en número de unos cinco mil.
En tonces Jesús tomó los panes, dio las gracias y los repartió entre los que estaban sentados. Lo mismo hizo con los pescados, y todos recibieron cuanto quisieron.
Cuando quedaron satisfechos, Jesús dijo a sus discípulos: «Recojan los pedazos que han sobrado para que no se pierda nada.»
Los recogieron y llenaron doce canastos con los pe da zos que no se habían comido: eran las sobras de los cinco panes de cebada.
Al ver la señal que Jesús había hecho, los hombres decían: «Este es sin duda el Profeta que había de venir al mundo.»
Jesús se dio cuenta de que iban a tomarlo por la fuerza para proclamarlo rey, y nuevamente huyó al monte él solo.


Leer el comentario del Evangelio por : San Efrén
La multiplicación de los panes



 
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